Wars

 Que las potencias hegemónicas se arman para la guerra es una verdad de perogrullo. Ese es el sino del destino humano, dado los patrones que gobiernan su psique.

Cada periodo se repite el ciclo. Pero tampoco es mentira que nunca deja de haber guerras. Las hay todo el tiempo. Siempre en alguna región del planeta, están en guerra. Y es así, nunca deja de haber alguna guerra.

Pero lo que se viene ahora es entre grandes. Desde hace décadas estas potencias se preparan para la guerra entre ellas. Antes han sacrificado a pequeños países que usan de cobaya; o se sirven de estos para que prueben sus estrategias militares, para que midan al verdadero enemigo.

Y el enfrentamiento entre estos grandes es cada vez más cerca.

Uno siente impotencia sentir que nada podemos hacer para detenerlo. Nadie que sepa leer y escribir y posee premios nobeles, ni siquiera el papa, puede parar esto. Es una situación en la que el poder de los llamados líderes mundiales alcanza el poder de decidir la vida de millones de inocentes. 

Pero quizás la clave para entender el fenómeno de la guerra está en que al parecer toda la sociedad está estructurada para que la guerra ocurra. Su origen está en los patrones de la psique condicionada durante miles, o millones de años.


¿Qué hará que esto cambie? Solo modificar nuestras células cerebrales. Se han escrito miles de palabras para argumentar de la necedad de las guerras, de la locura, de la demencia que posee a los líderes, pero no han servido de nada. Menos los rezos de los religiosos.

Entonces, si la estructura social está hecha para que toda la actividad del hombre conduzca a una gran guerra, o irá escalando de pequeñas guerras a una guerra total, quiere decir que cada uno de nosotros es cómplice de esa guerra. ¿Por qué? Porque cargamos con creencias, apegos, ideologías que conducen a la guerra, y estas creencias alimentan la codicia de los líderes. Así es, y así seguirá siendo mientras mantengamos estas creencias generadas en el pasado.



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